LA LIBERTADORA Y LA PROSCRIPCION

 

El 16 de septiembre de 1955 se impuso el golpe cívico-militar autodenominado “Revolución Libertadora”, con clara política antipopular. Para ello se proscribió el Partido Justicialista, se intervino la Confederación General del Trabajo, se destituyeron dirigentes gremiales y se asaltaron sindicatos, se encarcelaron a dirigentes, militantes y simpatizantes y se prohibieron los símbolos partidarios. Se fusiló a los patriotas que se levantaron en 1956 con el Gral Juan José Valle.

La siguieron gobiernos elegidos en elecciones condicionadas con proscripción del peronismo, limitados por su falta de legitimidad y por las presiones de los militares y del poder económico. Así, los gobiernos de Frondizi (electo en 1958) e Illia (en 1963), que habían intentado impulsar el desarrollo nacional, fueron derrocados por sendos golpes de estado, para asegurar la proscripción del peronismo e imponer planes económicos afines con los intereses liberales.

No obstante, las políticas del Estado de Bienestar se mantuvieron vigentes y fueron años de crecimiento industrial fomentado por las políticas desarrollistas, surgieron importantes agrupamientos fabriles.  En Santa Fe se emprendieron importantes obras de infraestructura y comenzaron a instalarse varias industrias como: DKW, FIAT, Tool Research y otras menores. Sin embargo, también en esos años crecía el cordón de pobreza de los barrios marginales, con pobladores que emigraban, como consecuencia de la crisis de las economías regionales, del norte santafesino o de provincias vecinas.

Al mismo tiempo, los sectores medios, que gozaban de un relativo bienestar, podían disfrutar de un desarrollo cultural y educativo importante; en nuestras universidades, podían acceder jóvenes de la clase media y aún los hijos de sectores obreros, la enseñanza alcanzaba niveles de excelencia y Santa Fe era un polo educativo de importancia nacional.


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